Topic: Las cosas que me pasan
Suena el despertador. Son las 4.45 de la manana pero yo estoy despierto desde las 2. No podia dormir imagino que por una combinacion de factores. Tenia la cama al lado del ventilador y el aire acondicionado me helaba las piernas. Por otro lado la angustia de lo que se venia en unas horas no me dejaba pegar el ojo. No se porque temia tanto. Quiza el tamano del mounstrou, su voracidad, la posibilidad… la inminencia del dano, del dolor, de la derrota, de verlo lastimado. El estaba despierto desde antes tambien. Hacia como que dormia pero yo sabia que estaba despierto. Fue al bano dos o tres veces, luego se volvia a a acostar. Mire sus parpados con atencion, habia en ellos una presion forzada, impuesta por voluntad mas que por un verdadedor cansancio. Que habra cruzado por su mente? Imagino que esas horas restantes le deben haber sido tan eternas como a mi. Miles de imagenes, miles de pensamiento fluyendo de forma caotica en ese oceano blanco de la imaginacion. Cuando sono el despertador se levanto sin modorra. Entro al bano para darse un duchazo rapido y calzar su uniforme de guerra como un soldado. Son ya cuatro veces que pelea esta batalla, y mas de diez anos de entrenamiento espartano.
Mientras, yo estaba en mi cama como mero espectador. Nunca en mi vida habia sentido un dia tan no mio como aquel domingo. Era como si no estuviera fisicamente presente, como que estuviera sentado en una butaca de cine viendo la pelicula de otro. Jamas habia estado tan pendiente de mi padre y de su lucha como aquella manana fria y soleada de Nueva York.
Salio del bano con una toalla a la cintura y empezo con el ritual. Prenda a prenda como en esas peliculas de superheroes, empezo a vestir su uniforme gris y blanco, hecho de fibra especial para mantener el cuerpo frio y prevenir la deshidratacion. Luego la infaltable lycra negra a medio muzlo, calzo unas zapatillas ASIC acolchadas, la vicera, y los lentes contra el sol. El antifaz perfecto. Batman. Mi papa es Batman pienso. Salen algunas lagrimas. Me doy cuenta que a los veintinueve, todavia soy un nino lloron, pero nadie puede negar que a todos nos toca la idea de tener un papa superheroe. El mio lo fue ese domingo cuando salio a derrotar al mounstruo de 24 millas y treintaicinco mil cabezas.
Cuando ya estaba todo listo mi hermana y yo nos paramos a darle el beso de adios y buena suerte. Lo abrazamos con fuerza. Le extendi una estampita de la Virgen que una mujer casi santa me dio para protegerme. Se la llevo consigo sin decir palabra. Antes de salir se puso el brazalete amarillo en recuerdo de mi abuela Chumi, su madre que lo vio con orgullo desde el cielo. Tenia en el pecho el numero 43308, grupo naranja con las letras de PERU en negro. Nos dio un brevisimo adios y la puerta del cuarto se cerro. El lugar quedo absolutamente vacio. Se habia ido.
Cuatro horas despues, en la primera parada, tratamos de ubicarlo en la estampida de corredores. De acuerdo a su hoja de tiempo, tenia que pasar por alli a las 10.30. Esperamos hasta las 10.45 y no lo vimos. O se nos paso entre la masa multicolor, o todavia no pasa. El tiempo corria. Dijo que hacia 4 horas y media. No tenia sentido esperarlo mas. Se nos tenia que haber pasado. Fuimos a la segunda parada. Tomamos el metro, eramos 8 personas cada uno tras su respectivo guerrero. Llegamos a la milla 12, en Nassau Street, Brookline. Era una curva cerrada y angosta por lo que la mancha tenia que adelgazarse forzosamente. Era perfecto para verlo pasar. No se nos podia escapar de nuevo. Tomamos posiciones y esperamos. Yo llevaba la camara conmigo para inmortalizarlo en video.
Estuvimos casi una hora en el lugar. Vimos pasar miles de personas, 2 rinocerontes, hombres disfrazados de Mujer Maravilla, grupos de italianos, franceses, austriacos, venezolanes, chilenos, un lisiado caminando con dos piernas artificiales, a Superman, al Hombre Arana, corredores de sesenta y sententa anos, otro pintado totalment de verde, tres locos, un Chino estrafalario de 70 anos con los pelos en punta, brazaletes plateados y un short rojo, pero no vimos a Batman. Lo habiamos perdido de nuevo? Imposible. Tres pares de ojos fijos en la curva y no lo habiamos visto. Por lo menos tres falsas alarmas. Mas de una vez algun pelo canoso en atuendo gris nos hizo gritar despavoridos, pero no era el. Nuevamente habia pasado mas de media hora de su tiempo. Nada. Acaso lo perdimos? Empece a sentir miedo. Una sirena de ambulancia atraveso mis sentidos. El sol estaba fuerte y varios habian renunciado por deshidratacion. Derrotados de nuevo, pero con la esperanza aun viva, decidimos ir a la tercera parada, en la milla 18.
Media hora mas tarde estamos todavia sentados en el Metro. Nueva York es un laberinto bajo tierra. Habian cerrado la linea verde que nos llevaba directo al tercer punto asi que decidimos enfilar para la llegado final. Fuimos con la idea de que por lo menos lo veriamos llegar. Nada mas iluso. Resulta que la linea de llegada solo esta abierta para corredores y para fanaticos que pagaron US$ 100 por asiento. El resto tiene que irse a la extensisima Central Park West a esperar que su guerrero vaya a recibirlos. Welcome to America! Si no pagas, eres nadie. A donde entonces? En toda la avenida habian carteles enormes de la A a la Z. Cada letra es la inicial de un apellido, asi que a nosotros nos tocaba esperar a Batman bajo la “L”. Nuevamente, cansados, hastiados, agorafobicos, fuimos a sortear el vomito de gente para llegar al punto de reunion. Seguir al maratonista es una maraton aparte. Cobra sentido. La experience se vuelve integral. El drama es conjunto. Mi padre no daba muestra de vida. Una y otra vez le mandaba las alertas al Nextel sin respuesta mientras las punzantes sirenas alimentaban mi angustia. No lo habia visto en todo el dia desde la manana. No sabia si habia llegado, nadie entre los otros guerreros lo habia visto llegar. La gente venia por todos lados, corredores tratando de agarrar aire por donde fuera, ninos abrazando a sus madres maratonistas, maridos apretujando a sus mujeres. Corredores envueltos en mantas de plastico con el logotipo de Delta Airlines para aislarse del frio. Llanto, gritos, emocion por todos lados. A mi no me gusta correr. Creo que es una muerte lenta autoinflingida. Y sin embargo no puedo mantenerme insensible a la emocion de esas familias. Vi a ese nino abrazando a su madre, y supe que aquel dia quedaria tatuado en su memoria por siempre. Su mama era su heroe. Era la Mujer Maravilla. Hablaria de ella el lunes por la manana con sus amigos de colegio, en sus composiciones de ingles o castellano. Lo haria 20 anos despues en medio de una reunion familiar. Le contaria a sus nietos de las grandes hazanas de su bisabuela y reviviria ese momento como si hubiera sido ayer. Pude ver el orgullo en su rostro. Para un padre deber ser un regalo fantastico.
Y el mio todavia no llegaba.
Desesperados llamamos a Lima a la hermana de Carla, mi enomorada, para que revisara en internet si es que mi papa habia cruzado la meta. El numero, 43308. Erica reviso los datos y a los pocos minutos nos dio la noticia: Figura como “no registrado”. Me puedo morir. Como que no esta registrado? Imagino lo peor. Algo paso en el camino, se lesiono la rodilla, el tobillo, se le acalambraron los aductores, laca.
Carla sigue conversando con Erica. Pasa una corredora por mi lado llorando abrazada de su esposo que la consuela. Carla me calma con la mano. Me dice que no me preocupe. El numero de Batma “no estaba registrado” en la pagina web, pero que ya lo estan registrando para chequear si llego o no. Respiro con alivio. Un sol incandecente y un aire congelado me fulminan el rostro. Los minutos de espera parecen eternos. Carla sigue con el Nextel en silencio. El cielo es de un azul profundo y retumba una voz en altoparlante que ordena a los corredores llegar a su letra de reunion. Una nina llora parada sola y perdida. Luego aparece su padre que la toma del brazo y la abraza. El llanto se va.
La voz de Erica suena en el Nextel. Carla no la escucha bien. La senal no es buena. Le pide que repita los resultados. Mi hermana y yo vamos hacia ella desesperados. Nos calma nuevamente con la mano. Ya viene la informacion. La voz de Erica sigue balbuceando interferencia.
Entonce Carla suelta el boton de la radio.
Erica me dice que ya llego.
Hizo 5 horas.
Llego.
Gano.
El cierlo es de un azul profundo.
Empiezo a llamarlo por Nextel para ver si contesta. Marco nuevamente un alerta y nada. Seguimos en el intento por unos 10 minutos. Mientras mi hermana aparece con un par de hotdogs newyorkinos para calmar el hambre. Habiamos caminado todo el dia comiendo solo angustia.
Intento nuevamente mandar un alerta… La senal del Nextel lee ALERTA ENVIADA. Aleluya! La voz de Batman aparece como un balsamo. Estaba en la letra A camino hacia la L. Su respiracion era fuerte y entrecortada. Todo estaba bien, pero no queria caminar mas. Levamos anclas y hotdogs y fuimos a buscarlo (nuevamente) nadando contracorriente.
Quince minutos despues caminabamos con mi padre en direccion al hotel. Lo encontramos apoyado en una de las camionetas en la que llevan a los lesionados y deshidratados. El estaba en perfectas condiciones, aunque habia perdido de dos a tres litros de liquido por el esfuerzo. Su rostro colorado era una mezcla de cansancio y satisfaccion y de su cuello pendia una medalla dorada -la cuarta en su curriculum- de cintas roja y blanca. Corrimos a abrazarlo. Mi hermana se le prendio del cuello y lo agarro a besos. Yo dude por un momento ya que mi padre y yo no somos muy dados a los afectos masculinos. Sin embargo ese fue un instante suigeneris. Creo que por primera vez en los 15 anos que tiene corriendo fuimos parte de su aventura y espectadores en fila 1 de su exito. Casi como de golpe, esos 15 anos se transformaron en un gigante al que yo habia sido ciegamente ajeno. Ahora en NY, pude verlo con claridad. Tenia que haber estado alli antes, entre la muchedumbre, el drama, la frustracion, la alegria, los gritos y llanto, para vivir el esfuerzo en su real magnitud. Lo abrace repleto de orgullo. Mi padre era Batman.
Horas mas tarde camino a Boston, sabia que algo cambio en mi para siempre ese fin de semana. Como ese nino que abrazo a su madre convencido que era la Mujer Maravilla mi padre, el corredor eterno, imprimio en mi algo indeleble. De repente me senti mas solido, mas completo, mas despierto. Creo que verlo derrotar al monstrou lo transformo en un pequeno mito. Se lo voy a contar a sus nietos antes de dormir. La historia del abuelo que peleo contra el gigante de las 35,000 cabezas y la cola de 42 kilometros. Asi como los canticos tribales que rememoran las grandes hazanas de los ancestros, este cuento sera parte del imaginario de mi familia por el resto de los tiempos.
Posted by rafaellanfranco
at 11:14 AM EST